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El 12 de octubre de 1936 Unamuno tuvo un enfrentamiento con el legionario Millan-Astray

Y aquí debajo os pongo un par de versiones del hecho (hay más), para que se compruebe una vez más cómo todo es según el color del cristal con que se mire. Mientras el ejército desfila en Madrid a estas horas celebrando la fiesta nacional de algunos, debajo de muchos cascos, boinas y gorras de plato puede que aniden las mismas ideas que las del legionario protagonista del incidente:

Ésta aparece en la web de la Legión:

El general José Millán-Astray (1879-1954) era un bohemio del patriotismo y del heroísmo, a quien le venían de familia su agudeza, su fantasía creadora y sus profundas dotes de psicólogo, favorecidas por la profesión del padre -jefe de prisiones de Madrid, poeta, articulista y autor de libretos de zarzuela- y la de su hermana Pilar, ilustre novelista y comediografa. Tenía 19 años en 1889 cuando ingresó en la Escuela de Guerra con brillante hoja de servicios, llegó a ser profesor de ocho asignaturas distintas en la Academia de Toledo y, ya oficial de Estado Mayor, fue agregado al Ejército francés. En 1922 publicó un manifiesto exaltando la disciplina contra la intervención del Ejército en la política nacional; más tarde un libro sobre el Tercio y varios folletos. Le entusiasmó El Bushido, código espiritual de los samurais, escrito por el profesor tonkinés Inazo Nitobe y lo tradujo y publicó en 1941, cuando ya había apoyado gran parte de sus lecciones morales a los cadetes y el esquema de su Credo legionario, un idealismo lleno de fantasías románticas con la muerte como novia y reflexiones de corte modernista.

Fue Millán-Astray conferenciante pródigo y admirado en España, Francia, Italia y América, donde su palabra encendía los ánimos con figuras hirientes, llenas de crudeza, vida y poesía. Sobre una idea suya de 1897, al volver de Filipinas, había creado una legión llena de paradojas y contradicción en su misma esencia, como Unamuno; de descarnado realismo celtibérico, como Baroja; de sobriedad de frase, como Azorín; de desenfado y aventura, como Valle-Inclán; de poesía solanesca más que machadina; pero sobre todo, de altísima idealidad senequista, de amor a la Patria y a la muerte en perfecta superación espiritual, tan comprensible como aquel su ¡muera la Inteligencia!, siendo un ruidoso intelectual, pese a que intentará disimularlo con simplistas imágenes románticas, muy apropiadas para desertores del hampa que convertiría en "caballeros". Era uno de los seis militares intelectuales del 98, en cierto modo el lírico de esa generación, cuyas semblanzas tracé en otro lugar. Por algo le pintó Vázquez Diaz para su Galería de Intelectuales Españoles.

García Escudero recoge de Juan Aparicio y de Ricardo de la Cierva la idea de que convenía estudiar el paralelismo de Millán-Astray con Unamuno: "Su enfrentamiento fue consecuencia de la similitud de sus temperamentos egocéntricos y teatrales", "El mejor desarrollo del Credo legionario podría ser la obra de Unamuno, y el "¡viva la muerte!", la mejor síntesis de el sentimiento trágico de la vida; los dos hombres parecen confundidos en un irracionalismo común...

Y este el relato que Garate Córdoba hace de lo sucedido en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, de la que Unamuno era su rector.

Su adhesión al Alzamiento [Unamuno] había comenzado refrendada con un donativo de cinco mil pesetas a la suscripción nacional, como él mismo explicó a La Prensa bonaerense el 15 de agosto. Desde entonces se sucedieron sus constantes testimonios. El 20 de ese mes, en nombre del claustro de la universidad de Salamanca, que como Rector presidía, dirigió un comunicado a todas las del mundo, denunciando "los hechos criminosos llevados a cabo por los marxistas". Opina García Escudero que fueron frecuentes sus relaciones con Franco, a partir del 1 de octubre en que éste fijó su residencia en Salamanca, con manifiesta simpatía del General hacia el rector. Pero se cansó pronto de su actitud uniforme. El día 12, en la Fiesta de la Hispanidad, hizo el desplante solemne de protestar por el abuso del término "anti España", lanzó el desafío de: "Venceréis pero no convenceréis", e insultó a Millán Astray, allí presente, al decir: "España sin contar las Vascongadas y Cataluña seria tan inútil como un cuerpo manco y tuerto", con lo que desataba las furias del general mutilado mal atadas desde los años de la reconquista del territorio de Melilla, cuando el escritor ofendía a sus caballeros legionarios llamándoles indefectiblemente "cortacabezas" y confundiéndoles en sus enumeraciones de la gente del hampa con "mafroditas", ladrones y busconas. Aquel enfrentamiento no era nuevo. Se habían producido otros antes, en días turbulentos del Ateneo madrileño, porque los dos era ateneístas. Lo explicó así a Gómez Mesías al cabo del tiempo:
Un día hace años, en el Ateneo dijo de mi que yo era un ladrón; que me había hecho rico con los sacrificios y la sangre de los soldados que peleaban en África. Eso no se perdona.
El insulto a su gloriosa mutilación provocó el "¡Muera la inteligencia!" de Millan Astray, escandaloso en un templo de ella, grito que Pemán, presente allí también, aclaró diciendo que fue: "¡Mueran los intelectuales!, ¡los falsos intelectuales, traidores!". Pero el general supo lo que decía, porque el término "inteligencia" había adquirido un carácter restrictivo y sectario desde que Unamuno lo hipotecaba para uso exclusivo suyo y los de su línea, rebelde a todo, los inteleztuales que rendían a la Inteligenzia un culto casi idolátrico.(...) a cada paso salían de sus artículos y discursos tales invocaciones a la supremacía de la Inteligencia con mayúscula, y tan reiterativa y empalagosa deificación de ella, que bastarían para hacernos pensar que Millán-Astray gritó realmente "¡muera la inteligencia!" y no "¡mueran los intelectuales!", como Pemán rectificaba. Así lo dije por intuición y más tarde leí que el general lo había confirmado en carta a Antonio Paso. El distingo no tenia más importancia que la de una impresión personal, reciente y directa. Lo importante fue que uno u otro ¡muera!, con toda la desgravación metafórica que llevan en si, lo lanzaba un evidente intelectual. Millán Astray dijo lo que quería decir, porque preparaba mucho sus "improvisaciones". Por su parte Unamuno tenia un alma, un talante, una mímica y una furia militares. Pues aunque disfrutase gritando ¡viva la vida! y ¡muera la muerte!, cubría con sus gritos la agonía cristiana y el sentimiento trágico que pedían una elevación de su sentida mística y que tenían en el teresiano "muero porque no muero" la emoción hermana del grito legionario. Unamuno, que zahería a Ortega escribiéndole cultura con k. empalagaba tanto por su endiosada Inteligencia, pensada con mayúscula, hipotecándola, incesándosela en cada página, que no es extraño que provocase ansias gástricas a Millán-Astray, intelectual de acción al modo de Maeztu, uno de "Los Tres" fundadores del noventayochismo literario.
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Y ésta es de un historiador, no sé si Preston o Thomas:

Poco después de empezar a encargarse de popularizar la imagen de Franco, Millán participó en un incidente que, a ojos del mundo extranjero, caracterizaría al régimen franquista. Tuvo un encontronazo con el rector de la Universidad de Salamanca, el filósofo y novelista Miguel de Unamuno, de 72 años. El 12 de octubre de 1936, en el paraninfo de la universidad se celebraba el Día de la Raza, aniversario del "descubrimiento" de América por Colón.

Millán había llegado escoltado por sus legionarios armados con metralletas. Varios oradores soltaron los consabidos tópicos acerca de la "anti-España". Un indignado Unamuno, que había estado tomando apuntes sin intención de hablar, se puso de pie y pronunció un apasionado discurso. "Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (... ) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis...".

En ese punto, Millán empezó a gritar: "¿Puedo hablar? ¿Puedo hablar?". Su escolta presentó armas y alguien del público gritó:¡Viva la muerte!". En lo que, según Ridruejo, fue un exhibicionismo fríamente calculado, Millán habló: "¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!". Se excitó sobremanera hasta tal punto que no pudo seguir hablando. Resollando, se cuadró mientras se oían gritos de "¡viva España!". Se produjo un silencio mortal y unas miradas angustiadas se volvieron hacia Unamuno.

"Acabo de oír el grito necrófilo e insensato de ’¡viva la muerte!’. Esto me suena lo mismo que, ¡muera la vida!’. Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la,muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente, hay hoy en día demasiados inválidos. Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Míllán Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu suele sentirse aliviado viendo cómo aumenta el número de mutilados alrededor de él. (... ) El general Millán Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada...

Furioso, Millán gritó: "¡Muera la inteligencia!". En un intento de calmar los ánimos, el poeta José María Pemán exclamó: "¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!". Unamuno no se amilanó y concluyó: "¡Éste es el templo de la inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España". Millán se controló lo suficiente como para, señalando a la esposa de Franco, ordenarle: "¡Coja el brazo de la señora!", cosa que Unamuno hizo, evitando así que el incidente acabara en tragedia.

Esa misma tarde, los guardias cívicos de Salamanca dieron una cena en honor de José María Pemán, presidida por el alcalde. Al regresar al Gran Hotel, Millán se presentó en el vestíbulo y, ante un público perplejo, lo abrazó y le ofreció su propia "medalla de sufrimientos por la patria". No ha quedado claro si lo que Millán pretendía era neutralizar los posibles efectos negativos de su ataque a la inteligencia o congraciarse con el escritor. En opinión de Franco, Millán se había comportado como era debido en la confrontación con Unamuno.
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12/10/2005 11:15 Enlace permanente. Tema: Antimilitarismo Hay 3 comentarios.

Mueren más soldados israelitas por suicidio que en enfrentamientos ¿Por qué será?

"El dato lo aporta el diario israelí Maariv: en lo que va de año, 30 miembros de las Fuerzas de Defensa (el ejército) de Israel se han quitado la vida. La mayor parte de ellos, jóvenes reclutas.

A primera vista, se aprecia una contradicción. ¿Significa que los soldados de las muy bien pertrechadas fuerzas israelíes, que se llaman a sí mismas "el ejército más moral del mundo", están engendrando víctimas entre sus filas? Pero hay más. Un informe del pasado año revelaba que durante 2003, unos 30 soldados judíos murieron en enfrentamientos con los combatientes palestinos, mientras que 43 habían optado por el suicidio.

La pregunta entonces es: ¿Qué puede provocar que haya más militares muertos por atentar contra sus vidas, que por dejarlas en un campo de batalla? ¿Qué está fallando en el seno del "más moral..."?
La respuesta es: la ocupación."  Luis Luque Álvarez .

Por si no fuera lo suficiente malo para las neuronas ser soldado a secas, serlo en un país donde disparas contra población indefensa más veces que sobre la que va armada hasta los dientes, debe de ser mucho peor. Estos datos salen poco en los medios de comunicación, porque todo ejército que se precie ha de tener la vitola de vencedor, la moral alta y ser "todos para uno". Tanto en Palestina, como en Irak hay muchos más desertores y/o casos de suicidio de los que admiten las estadísticas oficiales, y es que a demasiados soldados les ha dado por pensar. 
Así parafraseando a alguien "aquel soldado que empieza a pensar, ha empezado a dejar de ser soldado". "Pensar" y "ser soldado" parecen términos tan contrapuestos como inteligencia y militar, por eso quieren tener robots en sus filas, sólo que los robots de momento también los manejan personas. Salud.
28/10/2005 18:45 Enlace permanente. Tema: Guerra Hay 1 comentario.




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