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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2004. El ministerio de la guerra es dueño de demasiados terrenosY para muestra un botón: Las cifras vienen en miles de metros cuadrados A Coruña 6.610 Lugo 4.860 Ourense 1 Pontevedra 2.978 GALICIA 14.449 P. DE ASTURIAS 10.307 CANTABRIA 781 Araba 7.138 Gipuzkoa 4.347 Bizkaia 1.123 EUSKADI 12.608 NAFARROA 3.979 LA RIOJA 6.764 Huesca 2.784 Teruel 2.033 Zaragoza 363.403 ARAGON 368.220 Barcelona 662 Girona 18.330 Lleida 5.475 Tarragona 19 CATALUÑA 24.486 BALEARES 34.668 Avila 278 Burgos 14.171 León 83.172 Palencia 399 Salamanca 6.554 Segovia 1.302 Soria 26 Valladolid 48.784 Zamora 12.018 CASTILLA Y LEON 166.704 MADRID 86.050 Albacete 145.729 Ciudad Real 2.830 Cuenca 65 Guadalajara 24.371 Toledo 16.330 CASTILLA-LA MANCHA 189.325 Alicante 10.551 Castellón 1.393 Valencia 33.610 C. VALENCIANA 45.554 R. DE MURCIA 28.071 Badajoz 26.925 Cáceres 3.391 EXTREMADURA 30.316 Almería 62.117 Cádiz 121.625 Córdoba 50.016 Granada 5.684 Huelva 160 Jaén 1.288 Málaga 13.597 Sevilla 37.462 ANDALUCIA 291.949 Las Palmas 56.597 S.C. de Tenerife 19.147 CANARIAS 75.744 Ceuta 5.483 Melilla 3.899 ESPAÑA 1.361.895 Como ya sabréis, dada la profesionalización, ahora les sobra sitio, y los políticos están q se frotan las manos como semejante cantidad de tierra pase al sector inmobiliario. De un plumazo algunos cumplirían promesas y otros se forrarían hasta el tuétano. De ese número tan tremendo, 1.361.895.000 metros cuadrados, una parte muy importante son grandes campos de maniobras (San Gregorio, Chinchilla o Sierra del Retín), pero la friolera de 11,5 millones de metros cuadrados están construidos, y muchos pueden ser derribados, o mejor, reconvertidos en viviendas de todo tipo y pelaje. De momento ya han vendido unos cuantos inmuebles, y han aprovechado el dinero para construir nuevas bases en otros sitios, o pagar armamento. En la última legislatura del PP, Defensa obtuvo 833 millones de euros con la subasta de su suelo, q es una cantidad de dinero bastante increible, unas 139.000 millones de las antiguas pesetas. La ONU, servicio post-venta de los militares USA y GBLa ONU bendice el saqueo en cuanto le dan parte del pastel. A Francia le permiten ahora meter a sus contratistas y se pliega a los neocon USA. Así va este mundo. La resolución se llamará "de Irak" o "a favor de Irak" pero todos sabemos q es un acuerdo lamentable entre poderosos para repartirse la tarta. Estoy muy cabreado. Brrrr!!! Artículo de mi adorado Carlos Taibo. Las mentiras de NormandíaLa invención de Normandía CARLOS TAIBO/PROF. DE Cª POLÍTICA EN LA UNIV. AUTÓNOMA Y COLABORADOR DE BAKEAZ EL CORREO Días atrás en modo alguno se me hubiera pasado por la cabeza terciar en un debate -el que al cabo ha cobrado cuerpo entre nosotros- sobre el enésimo aniversario del desembarco de Normandía. Dos razones hay, sin embargo, para hacerlo ahora: si la primera recuerda que el sesenta aniversario de los hechos de 1944 ha sido interesadamente empleado por los gobernantes estadounidenses en un momento no precisamente cómodo para éstos, la segunda subraya el peso ingente de lecturas hagiográficas que olvidan, con formidable desparpajo, datos fundamentales. Avancemos al respecto que con frecuencia se ha ignorado en los últimos días lo que a los ojos de la abrumadora mayoría de los historiadores es evidente: el desmoronamiento de la Alemania hitleriana no fue la consecuencia de un desembarco, el de Normandía, que llegaba demasiado tarde. Fue, antes bien, el Ejército soviético el que, con su presión en el Este, provocó un visible desfondamiento de su homólogo alemán. Así las cosas, Normandía respondió a un propósito que, fácil de entender, obliga a desmarcar el desembarco, con todo, del objetivo central de acabar con la Wehrmacht: se trataba, sin más, de disputarle a la URSS el mérito del éxito final que se auguraba y de preservar, de resultas, para EE UU un activo protagonismo en la Europa de la posguerra. Digámoslo de otra manera: la operación exhibía una dimensión claramente interesada, en virtud de la cual la derrota del enemigo pasaba a un segundo plano. Ignorar lo anterior se antoja tan grave y ocultatorio como vincular en exclusiva los movimientos de la URSS con el legítimo deseo de afianzar un parachoques de seguridad que permitiese evitar la repetición de una invasión como la de 1941. Aunque a buen seguro que la URSS acariciaba tal propósito, por detrás de su conducta se apreciaba también un espasmo imperial que, adobado de rasgos represivos, por fuerza tenía que llenar de descontento a las poblaciones de los países ocupados por lo que aún entonces se llamaba Ejército Rojo. Pero es que -y vamos ahora a lo principal- una disputa de perfil similar afecta a la consideración del papel asumido por EE UU en la Segunda Guerra Mundial entendida como un todo. No se trata de negar que muchos norteamericanos ofrecieron su vida para derrotar a regímenes aborrecibles. Tampoco se trata, en modo alguno, de olvidar el papel, sin duda relevante, que correspondió a Washington en el aprestamiento de la poderosa maquinaria militar aliada. Pero en jornadas como éstas es obligado poner las cosas en su sitio y subrayar cuantas veces sea preciso que la conducta de los gobernantes estadounidenses respondió, también, a intereses tan singulares como mezquinos. Y es que no está de más recordar, por lo pronto, que la intervención de Washington en la Segunda Guerra Mundial se verificó de forma ostentosamente tardía, y sólo cobró cuerpo -curiosa solidaridad ésta- cuando se registró una efectiva agresión japonesa. Sabido es, por lo demás, que algunas versiones conspiratorias sugieren que el presidente Roosevelt, pese a conocer que tal agresión se estaba preparando, nada hizo para evitarla, y no precisamente para, de esta suerte, encontrar un argumento con el que justificar, ante la opinión pública norteamericana, la inmersión en la guerra: mucho más habrían pesado las presiones de un complejo industrial-militar a los ojos del cual el conflicto bélico se perfilaba, claro, como un negocio saneadísimo. Nadie obtuvo, por lo demás, beneficios mayores que los que extrajo EE UU de la segunda contienda mundial. El país emergió de ésta como la principal potencia planetaria, tras dejar atrás a quienes antes de 1939 bien podían considerarse sus competidores: Alemania, Francia, Japón, el Reino Unido y la URSS. No sólo eso: a diferencia de lo ocurrido en estos últimos, el territorio continental norteamericano no padeció los efectos de la destrucción bélica y quedó indemne en sus infraestructuras industriales. En adelante, y por añadidura, EE UU pudo ejercer una férula directa sobre economías tan jugosas como la alemana y la japonesa, al tiempo que accedía a un control exhaustivo de lo que ocurría en la mitad occidental del continente europeo. Para cerrar el círculo, en fin, los muertos provocados por la participación norteamericana en la guerra (400.000) estaban a años luz de los dejados sobre el terreno -y propongamos un ejemplo entre varios- por la URSS. El simple recordatorio de los datos anteriores obliga a concluir que la participación activa de EE UU en la Segunda Guerra Mundial obedeció, en una de sus claves decisivas, a los intereses propios de una gran potencia que no se olvidaba de sí misma. Quien estime que esa participación respondió, poco menos que en exclusiva, al propósito de apuntalar la causa de la democracia y de la libertad parece un tanto fuera del mundo. Y al respecto tan importante es rescatar la activa colaboración dispensada por la Casa Blanca, al cabo de unos años, al régimen del general Franco como subrayar que, hoy mismo, y en Irak o Afganistán, Estados Unidos -su elite dirigente- no pelea sino para defender, obscenamente, sus propios intereses por mucho que los edulcore con gastada palabrería. Hazañas bélicasDesconcierto militar en Iraq Alberto Piris El New York Times narraba la semana pasada las andanzas en Bagdad del teniente Eduardo Plascencia, de la compañía A del batallón 2-5, Primera División de Caballería del Ejército de EEUU. Él es lo que en EEUU se conoce como un "hispano" (igual que su jefe supremo, el general Sánchez), nacido en Las Cruces (Nuevo México), ciudad cuyo nombre está curiosamente vinculado al Ejército español. Visitándola hace años, oí contar allí que un destacamento de éste fue atacado por los apaches, que mataron a varios soldados. Sus tumbas se señalaron con unas cruces de madera y, años después, dieron nombre a la población que se fundó a mediados del siglo XIX. El caso es que Plascencia, con catorce años de servicio en el Ejército, se responsabiliza ahora de la Sección de Asuntos Civiles de su unidad. Es decir, su misión no es propiamente de combate ni de apoyo a las operaciones militares. Es parte de ese rostro amable que todo ejército de ocupación tiene que presentar ante la población local. En los estados mayores, además de las cuatro secciones en que tradicionalmente se articulaban (personal, inteligencia, operaciones y logística), se añadió una quinta sección (asuntos civiles) al advertir la complejidad de los problemas que podían surgir cuando la acción de los ejércitos influye directamente en la vida de la población civil. Plascencia desempeña esa misión en Bagdad, en uno de los más peligrosos barrios de la capital, la antigua "Ciudad Sadam" ahora denominada "Ciudad El Sadr" (por el rebelde dirigente chií Muqtada el Sadr), con más de un millón de habitantes. En los últimos tres meses, más de 900 iraquíes han muerto en este gran suburbio; la semana pasada seis soldados estadounidenses perecieron allí a causa de dos explosiones con coche-bomba. Las vicisitudes del teniente pueden dar idea de la ambigüedad y la incertidumbre que rodean a la acción militar de EEUU en Iraq, tanto durante las operaciones de invasión del país como en la actual fase de ocupación. Plascencia, con el sargento Abdullah Clark y el especialista Paul Loza, formaban inicialmente un equipo de observación avanzada para controlar el fuego de la artillería. Los cañones no pueden tirar a ciegas desde lejos y necesitan ojos que vean los objetivos a batir, dirigiendo y corrigiendo el tiro. Es la misión para la que habían sido formados y entrenados. Pero, una vez en Bagdad, para su sorpresa, su cometido cambió radicalmente. "Nos dijeron que los combates habrían concluido cuando llegáramos aquí, así que nos convirtieron en un grupo de Asuntos Civiles", explicó el teniente en una entrevista. Para los no habituados a la actividad militar, digamos que es como si un equipo muy cualificado de especialistas montadores recibiera la orden de hacerse cargo de las relaciones públicas de su empresa, abandonando el taller. Ningún directivo preocupado por la cuenta de resultados podría aprobar tal medida. Pues no ocurre así en el Ejército de EEUU desplegado en Iraq y el efecto es muy negativo. Así narra el corresponsal del diario neoyorquino la actividad del equipo: "El convoy de vehículos acorazados, erizados de ametralladoras, se detuvo. El teniente cogió un saco amarillo con alimentos y detergentes y corrió hasta la vivienda inmediata. Arrojó el paquete en las manos de una sorprendida ama de casa, regresó corriendo a su vehículo y el convoy se alejó con rapidez". Ponía en práctica la lección esencial de su acción humanitaria: "Si permanecemos en cualquier lugar más de cinco minutos, empiezan a dispararnos". Pero lo que revela mejor la gran desadaptación de la estrategia del Pentágono en Iraq es el siguiente comentario de Plascencia: "Estos tipos no son un enemigo normal. Se esconden entre edificios y nunca se dejan ver. Sólo tengo un instante para disparar y asegurarme de que no es contra un civil". Si la forma de pensar de un veterano oficial con larga experiencia es representativa de lo que se ha inculcado a los combatientes de EEUU en Iraq, sorprende tanta ingenuidad. ¿Qué tipo de "enemigo normal" se desea para combatir a gusto? ¿Eran normales los guerrilleros españoles que acuchillaban franceses como deporte nacional durante la Guerra de la Independencia? ¿O los resistentes franceses que hacían lo mismo con los alemanes durante la ocupación nazi? Las acciones de la resistencia están recopiladas en cualquier manual táctico de combate en núcleos urbanos y no deberían causar sorpresa. Ingenuidad también se aprecia en el concepto de acción humanitaria. ¿Cómo puede concebirse algún tipo de acto benéfico cuando silban las balas y explotan las bombas? Frente a lo que de humillación representa para cualquier pueblo la ocupación por ejércitos invasores (incluso sin recordar lo ocurrido en Abu Ghraib), ¿de qué puede servir reparar una escuela o un tendido eléctrico? ¿O dejar caer apresuradamente en las manos de un ama de casa un paquete de ayuda, escapando a toda prisa después? Los que planificaron las operaciones desde los pulcros despachos del Pentágono ignoraban gran parte de la realidad iraquí. Poco a poco va saliendo a la luz su incompetencia. Como siempre, son los escalones inferiores de la milicia los que apechan con las consecuencias. Los altos niveles políticos y militares sólo las sufrirán si sus errores dificultan la reelección de Bush. Porque éste es el objetivo principal de todo lo que ahora ocurre en Bagdad, en Iraq y en muchas otras partes del mundo, aunque cueste percibirlo. -------------------------------------------------------------------------------- Alberto Piris es General de Artillería en la Reserva Analista del Centro de Investigación para la Paz (FUHEM) |
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